Notes From a Recent Planning Session
Nos sentamos tres practicantes en el tatami frío de un salón en Neiva, con cuadernos y sin cronómetro. La idea era revisar cómo estamos sosteniendo la disciplina diaria cuando la semana se complica: viajes cortos, turnos largos, hijos pequeños. No buscábamos un plan perfecto. Queríamos ver qué se cae primero y por qué.
Lo primero que anotamos fue incómodo: casi todos rompemos la rutina por la mañana, no por la noche. La noche aguanta mejor el cansancio porque ya no hay decisiones pendientes. La mañana, en cambio, exige elegir entre practicar y resolver algo urgente. Así que acordamos mover el bloque corto de respiración y movilidad articular a un horario fijo antes del primer café. Diez minutos, sin música, sin teléfono. Si el día se desordena después, al menos la base ya está puesta.
Hablamos también del error de medir la práctica por intensidad. Uno de los presentes llevaba meses alternando sesiones duras con semanas enteras de abandono. El patrón se repetía: mucha exigencia, luego culpa, luego silencio. La conclusión fue simple y poco vistosa: bajar el techo de esfuerzo para subir la frecuencia. Tres sesiones cortas sostenidas durante un mes valen más que una semana heroica seguida de dos vacías.
Otro punto que quedó sobre la mesa fue la postura. Sin piernas trabajadas, cualquier intento de fuerza interna se vuelve una idea, no una experiencia. Anotamos una secuencia mínima de sentadilla estática, desplazamientos lentos y trabajo de tobillo para intercalar entre semana. Nada nuevo, nada espectacular, pero verificable. La próxima sesión de planificación será en tres semanas, con los cuadernos abiertos y las mismas preguntas.